El hombre nuevo ha muerto viva el actor[1]
Por Alejandro Tapia Carvajal
A propósito del libro “Reencantamiento del Mundo” de Morris Berman
A propósito del libro “Reencantamiento del Mundo” de Morris Berman
El malestar del hombre moderno es algo se deja sentir a ratos de manera abrumadora sobre cada uno de nosotros. El chileno sufre particularmente de este cuestionamiento endémico
-quizás en esto nos destaquemos verdaderamente- produciendo una “manera de ser particular” un modo de inconformarse “autodestructivo”. En lo particular este tema me importa desde hace mucho y a esta altura ya tengo cierto juicio formado a través de lecturas, experiencias personales y más de un detenido cuestionamiento.
Aunque comparto en mucho los planteamientos de Morris Berman en su “Reencantamiento del Mundo”, no puedo estar de acuerdo con la idea de que la vida occidental se dirige al despeñadero del caos económico, el desastre ecológico, y la desintegración psíquica. Por lo menos en lo que respecta a la visión del pensamiento moderno como causal del descalabro.
Un mundo encantado
Morris , rememora con cierta nostalgia el mundo encantado que precedió al pensamiento moderno cuyos orígenes fija correctamente en el siglo XVI. Definiendo este periodo como la correspondencia del hombre con el cosmos, donde este participaba activamente de su drama, donde este adquiría “conciencia participativa” [Pág. 16]. Aunque no ahonda en este punto agrega las virtudes de “coalición con el ambiente” y “totalidad psíquica” que parecen conferirle al periodo premoderno cualidades positivas que hacen reflotar en el lector el mito de la época de oro.
La visión de la edad media occidental es un problema que las ciencias sociales han tratado de resolver a través de interpretaciones más o menos objetivas que pueblan la literatura sobre el tema. Actualmente parece haber consenso sobre el real carácter de esta “integración al cosmos”. Esta correspondía más bien a la alineación por obra de la aplastante presencia del cosmos en el individuo. Estoy seguro de que la gente del medioevo solía sufrir la misma impresión de “acabo de mundo” que preocupa a Morris. Claro que no por las mismas razones, aunque a mi juicio las razones abundaban. Estamos pues en presencia de un nuevo problema el de la homologación de las percepciones sobre el tiempo presente, entre individuos que vivieron hace 10 siglos y quienes viven el comienzo del segundo milenio.
El temor inherente al europeo de fines del 1er milenio tenia mil causas particulares y coyunturales cuya estructura no es fácil de reconstruir. Una ves más un excelente e ilustrativo ejemplo es obra de un creador literario y no de un científico social. Estos últimos sin duda han contribuido a lo anterior y muchas otras se empantanan bajo el peso de su propia autoridad. Se trata de la novela “El Medico” de Noah Gordon donde con voluptuosa maestría se describen los padecimientos espirituales del “personaje” y de las sociedades por las que habita. Mil años parecen no separar al atribulado Rob Cole de los personajes de Kundera.
El propio movimiento moderno parece dar la razón a Morris cuando reconoce que la razón se ha usado para construir quimeras sociales que lejos de servir a la liberación del hombre y la instalación plena de los derechos que se le reconocen, han dado paso a sofisticados métodos de dominación cuyas “mejores” representaciones fueron puestas en escena por la Alemania Nazi y la Unión Soviética de Estalin.
La sutil democracia occidental no se escapa de la crítica pues en su sistema representativo se encierra un refinado entramado de poder que asegura la dominación de “los poderosos de siempre” que generan la cobertura social y cultural para preservar su estilo de dominación. El mismo que puede ser protegido por medios poco sutiles si es preciso.
Sin embargo, la propia modernidad criticada se defiende. Rescata la idea del sujeto, una especie de “hombre nuevo”, resucitado de entre la bruma de la decepción. Esta “vuelta del sujeto” o “actor” que se propugna por una serie de pensadores entre los que destaca Alain Touraine[2] parece ser un puente conciliatorio entre la idea moderna y el mundo producido en su nombre.
El drama de la modernidad esta en que ha sido prolífica en la producción de usurpadores de todo tipo que armados de la batería conceptual de la razón han arrasado con la aspiración de libertad y autodeterminación tan cara a los modernos de paso arrastrando a la naturaleza que sustenta nuestra existencia.
Lo que Morris ve como acto final del drama moderno no es sino una repetida escena que los trágicos griegos ya habían representado como el hombre, que preparado para hacer toda clase de bien si respeta las leyes, puede obrar eficientemente mal, si las viola. En Antigona[3] este conflicto ético ya se ha perfeccionado. Lo que sigue es la función interminable del repertorio anterior. ¿Acaso la altura moral cristiana primitiva, no es aberrantemente pisoteada por el papado medieval?.
El que el conocimiento de las leyes de la razón, tan caras al hombre moderno hayan sido transgredida una y otra vez para oprimirlo, es un echo que forma parte de la naturaleza humana de manera más intensa que la aspiración razonable por contenerla. Que el sujeto haya caído bajo el ímpetu autoritario, equivale a la caída simbólica del Che en la selva Boliviana, un percance previsible en la odisea perenne por dominar el “mecanismo” voraz que llamamos sociedad.
Si el mundo esta al borde de la destrucción no es ha instancia del dominio de la razón moderna sino de su fracaso.
sobre el libro de Berman http://www.cuatrovientos.net/cosmo/reencantamientomundo.html
[1] Inédito año 2003
[2] Autor de “Crítica de la modernidad” y “¿Que es la democracia?”
[3] Tragedia de Sófocles

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